Hacia un “humanismo pleno”

PRIMERA PARTE

El Papa de la transformación

CAPÍTULO II

Juan Pablo II y sus predecesores Juan XXIII y Pablo VI

Hacia un “humanismo pleno”

Todo es también un ataque contra el orden sobrenatural. Pablo VI ha sido el Papa de los derechos del hombre, de los que el cardenal Pie decía que eran la negación formal de los derechos de Dios.

Este humanismo es la piedra angular de la Iglesia conciliar. Pablo VI nunca lo ha negado.

El 2 de diciembre de 1970, en Sydney, declaraba a los periodistas:

“Tenemos confianza en el hombre. Nos, creemos en ese fondo de bondad que está en el fondo de cada corazón… La Iglesia católica, sobre todo des­pués del nuevo impulso de su “aggiornamento” conciliar, va al encuentro de ese mismo hombre al que vosotros ambicionáis servir.” (Documentation Catho­ lique 1971, pág. 14).

Con ocasión del viaje a la luna, entonaba un himno a la gloria del hombre, en el Angelus del 7 de febrero de 1971:

“Honor al hombre, honor al pensamiento, honor a la ciencia, honor a la técnica, honor al trabajo, honor a la intrepidez humana… Honor al hombre, rey de la tierra y hoy príncipe del Cielo.” (Documentation Catholique, 1971, pág. 156).

El humanismo es el fundamento de la ONU, la UNESCO, la FAO,… y los Papas de la Iglesia conciliar han ido al encuentro de estas organizaciones para elogiarlas.

Juan XXIII, antes de ser elegido Papa, fue el primer observador perma­nente en la UNESCO y el creador de la representación de la Santa Sede en este Organismo. En su encíclica “Pacem in Terris” del 11 de abril de 1963, dice:

“Uno de los actos más importantes realizados por la ONU, ha sido la declaración universal de los derechos del hombre… Su preámbulo proclama como objetivo común el promover para todos los pueblos y todas las naciones el reconocimiento y el respeto efectivo de todos los derechos y libertades enumerados en la Declaración… Nos, consideramos esta Declaración como un paso hacia el establecimiento de una organización jurídico-política de la comunidad mundial…, que llegue pronto el momento en el que esta organiza­ción garantice eficazmente los derechos de la persona humana: estos dere­chos que se derivan directamente de nuestra dignidad natural y que, por esta razón, son universales, inviolables e inalienables.”

Juan XXIII firmando la encíclica "Pacem in terrisW
Juan XXIII firmando la encíclica “Pacem in terrisW

Un año después de su elección, Juan Pablo II confirma estas palabras en su discurso a la ONU del 2 de octubre de 1979:

“Los Papas Juan XXIII y Pablo VI miraban con confianza a esta importante institución que consideraban como un signo elocuente y prometedor de nues­tro tiempo. Y el que os habla actualmente ha expresado también en más de una ocasión, desde los primeros meses de su pontificado, la misma fe y la misma convicción que las que sustentaban a sus predecesores.” (Documenta­ tion Catholique 21 de octubre de 1979, pág. 872).

No era éste el optimismo de Pío XII ante el futuro. En su discurso del 10 de febrero de 1952, decía:

“El mundo de hoy corre a su ruina… Hay que rehacer todo un mundo desde su base.” (Discurso del 1O de febrero de 1952).

“El objeto contra el cual el adversario dirige hoy sus asaltos… ya no es… un punto u otro punto particular de la doctrina o de la disciplina, sino el conjun­to de la doctrina y de la moral cristianas hasta sus últimas consecuencias. En otros términos, se trata de un asalto total. Se trata de un sí absoluto o de un no absoluto. En estas condiciones, el verdadero católico debe permanecer tanto más firme e inquebrantable en el terreno de la fe católica… (Discurso del 20 de abril de 1946).

“Ante tal desorientación, ante tal odio y ante semejantes tinieblas, la Iglesia se mantiene eternamente vigilante con su luz y con su amor… ” (Alocución del cuatro de noviembre de 1953).

¡Cuánto nos habría gustado escuchar palabras semejantes después de Pío XII, pero no es así, y Pablo VI, “el Papa de la Iglesia”, exclamaba ante la ONU:

” … vuestra característica refleja en el orden temporal lo que nuestra Iglesia católica quiere ser en el orden espiritual: única y universal… Lo que proclamáis aquí, son los derechos y los deberes fundamentales del hombre, su dignidad, su libertad y ante todo su libertad religiosa. Consideramos que sois los intér­pretes de lo que hay de más sagrado en la sabiduría humana. Casi diríamos: su carácter sagrado. Pues ante todo se trata de la vida del hombre y la vida del hombre es sagrada: nadie puede atreverse a atentar contra ella.” (Documentation Catholique, nº 1.457, pág. 1.729).

Este “humanismo pleno” es el centro del discurso de Juan Pablo II ante la ONU, el 2 de octubre de 1979, y también el tema de la alocución pronuncia­da en la sede de la FAO en Roma, el 12 de noviembre de 1979:

“Aquí, todos, cualesquiera que sean nuestras creencias, apoyamos plena­ mente la idea de que el desarrollo es el nuevo nombre de la paz y que todos los pueblos deben poder convertirse en artífices de su destino. La visión huma­nística que habéis proclamado a la faz del mundo, es también la nuestra.” (Documentation Catholique no 1.775, pág. 1.012).

Cuando se conocen las profundas raíces de estos centros masónicos y cuál es su fin: el establecimiento de una sociedad sin Dios, sin redención, la búsqueda de una paz y de un orden sin Cristo, hay que recordar las palabras de Pío XII:

” En el mundo actual domina ampliamente el laicismo que representa el esfuerzo del hombre para prescindir de Dios:… “ (Alocución del 6 de octubre de 1940).

“… en tiempos en los que de una manera más hábil que nunca, el enemigo de Cristo y de su Iglesia busca, según palabras del apóstol de los gentiles, disfrazarse en ángel de luz… No os dejéis engañar como tantos otros, después de mil experiencias desastrosas, por el espejismo de ganar al Adversario a fuerza de andar a remolque suyo y de amoldaros a él.” (Discursos del 24 de diciembre de 1944 y del 11 de septiembre de 1947).

Los “Papas del Concilio” han preferido seguir al adversario en su camino, incluso han identificado su visión humanista con las de las organizaciones mundiales contrarias al reino de Nuestro Señor Jesucristo. Han querido “reju­venecer” la Iglesia “como figura”. Esta visión humanista, fruto del catolicismo liberal condenado por todos los Papas desde hace 150 años, es un ataque grave y profundo contra el orden sobrenatural, contra la fe, contra el único Evangelio de Jesucristo.

La consecuencia de este liberalismo es el destronamiento de Dios. Pablo VI renuncia a la tiara, cuando precisamente el rito de la coronación del Papa tiene lugar por la imposición de la tiara de tres coronas:

“Recibe la tiara adornada de tres coronas, sabiendo que tú eres el padre de los príncipes y de los reyes, para dirigirlos en la tierra, el Vicario de Nuestro Salvador Jesucristo, al cual sean el honor y la gloria por los siglos de los siglos.”

Pablo VI renuncia definitivamente a la tiara, momento que recoge la fotografía.
Pablo VI renuncia definitivamente a la tiara, momento que recoge la fotografía.

Juan Pablo II admira incondicionalmente a Pablo VI y Juan XXIII. Para reforzar esta constatación y, como conclusión, recordemos dos hechos:

El primero tuvo lugar al regreso del Papa al Vaticano, después del atenta­do del 13 de mayo. Solamente se arrodilló ante la tumba de San Pedro y ante la de sus tres inmediatos antecesores. Sin embargo la tumba de Pío XII, “el Papa de Fátima” no está lejos.

El segundo tuvo lugar en el Vaticano, el 21 de mayo de 1984. Juan PabloII recibía al presidente de la República italiana, después de la firma del nuevo Concordato, que hacía de Italia un Estado ateo.

“En el curso de su entrevista privada, los dos hombres han abordado las cuestiones del desarme, del hambre en el mundo y del caso Sakharov. La visita preveía un minuto de silencio ante las tumbas de Pablo VI y Juan Pablo l.” (“Le Monde”, 23 de mayo de 1984).

Es decir, desde la muerte de Pío XII hay una ruptura que Juan XXIII permitió y que sus sucesores agravaron. Sin embargo, Pío XII había escrito:

“La gloria del pasado, es una obligación para el futuro.” (Alocución con ocasión del Centenario de/Instituto de Mérode, 6 de mayo de 1951).

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3. Los Papas del “rejuvenecimiento” 〈〈〈〈

〉〉〉〉 5. La libertad religiosa

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