Exhortación final

Ecône, 6 de junio de 1988

EXHORTACIÓN FINAL

La lectura de las páginas anteriores que presentan el verdadero rostro de Juan Pablo II son aterradoras y llenan el alma católica y romana de espanto y de tristeza.

Suscita también graves problemas para la fe de un católico fiel, problemas a menudo insolubles y que explican la perplejidad y la confusión que invaden a los más sólidos espíritus y a los cristianos más convencidos.

El Papa es la “Piedra” colocada por Dios en la base de su Igle­sia, es aquel cuya fe no debe desfallecer, el que confirma a sus hermanos, el que apacienta a las ovejas y a los corderos, el que, asistido por el Espíritu Santo, ha dirigido a la Iglesia durante casi veinte siglos, confiriendo al Papado un crédito moral único en el mundo.

¿Es concebible que desde los años sesenta, la Sede Apostólica esté ocupada por papas que son la causa de la “autodestrucción de la Iglesia” y que extienden “el humo de Satanás”? Incluso evitando hacernos la pregunta de lo que son, estamos muy obligados a preguntarnos sobre lo que hacen y constatar con estupor que estos Papas introducen la Revolución de 1789 en la Iglesia con su divisa, sus leyes, directamente opuestas a los principios fundamentales de la fe católica.

Esta publicación es esclarecedora sobre las actuaciones de Juan Pablo II, continuador de Pablo VI.

Los hechos están ante nuestros ojos que, iluminados por la fe católica inmutable, observan con dolor creciente como la Iglesia ca­tólica y romana está amenazada de ruina total.

Haciéndonos eco de los Papas anteriores a 1960 que han profeti­zado acerca de las desgracias que vendrían a la Iglesia, si no se les escuchaba y se hacía caso omiso de sus condenaciones; haciéndonos eco de las profecías de Nuestra Señora de la Salette y de Nuestra Sra. de Fátima, esforcémonos en reconstruir la Iglesia sobre los principios eternos enseñados por el Magisterio de la Iglesia durante casi veinte siglos, reprobando los errores de la Revolución liberal y mo­dernista, incluso si fuesen avalados por los que ocupan la Sede de Pedro.

La declaración que hacíamos el 21 de noviembre de 1974, des­pués de la primera visita romana, está todavía de actualidad y debe­mos reafirmarla después de la segunda visita de 1987. A la Roma modernista que prosigue su obra de demolición de la fe y de la cristiandad, es un deber repudiarla, adhiriéndose a la Roma de siem­pre, proclamando más que nunca la necesidad del Reino universal de Nuestro Señor Jesucristo y de su Santísima Madre María Reina.

Para realizar la venida de este Reino, tenemos una urgente ne­cesidad de Obispos y de sacerdotes, de religiosos y de religiosas que no tengan más que un nombre en sus labios y un solo amor en su corazón: el de Jesucristo.

Marcel Lefebvre
Arzobispo-Obispo emérito de Tulle
Fundador de la Hermandad de S. Pío X
Ec6ne 7 de junio de 1988

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32. Conclusión de la IIIª parte 〈〈〈〈

〉〉〉〉 34. BIBLIOGRAFÍA

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