Juan Pablo II y el orden natural

TERCERA PARTE

Juan Pablo II y el orden natural

”Si se hace lo que voy a deciros, muchas almas se salvarán y habrá paz. La guerra va a terminar.

Pero si no se deja de ofender a Dios, bajo el pontificado de Pío XI, comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones contra la Iglesia y el Santo Padre.

Para impedirlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón

Inmaculado y la comunión reparadora de los primeros sábados de mes.

Si mis peticiones son escuchadas, Rusia se convertirá y habrá paz.

Si no, extenderá sus errores por el mundo, provocando guerras y persecuciones contra la Iglesia. Los buenos serán martirizados. El Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas.”

Segunda parte del Secreto revelado por la Santísima
Virgen a los niños de Fátima el 13 de julio de 1917.

”No existe un hombre que tenga en sí o por sí lo que hace falta para encade­ nar, por un vínculo de conciencia, la libre voluntad de sus semejantes. Dios sólo, como Creador y legislador universal, posee tal poder; los que lo ejercen necesitan recibirlo de El y ejercerlo en su nombre. “

León XIII, encíclica Diuturnum del 29 de julio de 1881.

León XIII confirma una verdad capital, toda autoridad viene de Dios.

“No tendrías sobre Mí ningún poder, si no te hubiese sido dado de arriba”, decía Nuestro Señor a Pilatos (Juan 19, 11).

La soberanía de Dios sobre los hombres no puede silenciarse.

Por la influencia de la Reforma protestante, de las sectas masónicas y del liberalismo, los estados modernos se han desligado de sus obligaciones para con Dios; no profesan oficialmente ninguna religión, ni buscan la única verdadera. Sin embargo, los Papas, desde mediados del siglo XIX, habían lanzado severas advertencias contra este laicismo.

León XIII califica al indiferentismo religioso del estado de

“ateísmo, menos el nombre”. (Encíclica ”lnmortale Dei”, del 1 de noviembre de 1885).

Los Papas no fueron escuchados y la separación entre la Iglesia y el Estado, dio paso a los Estados ateos. El mismo Juan Pablo II se congratula públicamente de que tal situación hubiese llegado a Italia.

Sin embargo, el cardenal Pie recuerda:

”Es de derecho divino el mandar tanto a los Estados como a los individuos. No por otra cosa, Nuestro Señor Jesucristo ha venido a la tierra. El debe reinar, inspirando las leyes, santificando las costumbres, iluminando la enseñanza, dirigiendo los consejos, regulando tanto las acciones de los Gobiernos como las de los gobernados.” (Catta: “La doctrine politique et sociale du cardinal Pie,” pág 303).

Dos siglos de revolución dan la razón al obispo de Poitiers e ilustran la célebre fórmula de Chesterton:

Quitad lo sobrenatural y sólo queda lo que no es natural”.

Así es como en todas las democracias liberales, todo el poder del pueblo y los derechos humanos son la base de toda la constitución.

Ante estas democracias liberales, ¿pueden los Papas hacer algo? La pregunta previa se impone: ¿Puede un Papa ocuparse de política?

San Pío X respondía en la alocución consistorial del 9 de noviembre de 1903.

“Misión sublime la Nuestra… porque incluye la defensa del Evangelio en todos los dominios, comprendido el de la política;… Deberemos hacer volver a los senderos de la equidad, en la vida pública y en la privada, en el terreno político y en el terreno social a todos los hombres y a cada uno de ellos, a los que obedecen y a los que mandan, pues todos son hijos de un mismo Padre que está en los cielos.

…Cualquiera que quiera juzgar equitativamente ve que el Soberano Pontífice. investido por Dios del Magisterio Supremo, no puede separar los asuntos políticos del dominio de la fe y de las costumbres.”

Así pues, el Papa debe intervenir en el orden político para predicar que Jesucristo es el Rey de las naciones, diciendo con San Pablo:

“Es necesario que reine”.

También Juan Pablo II se ocupa de la política, pero su divisa es:

“Es necesario que el hombre reine”.

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27. Conclusión de la IIª parte 〈〈〈〈

〉〉〉〉 29. La ONU, una moderna Babel

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