“Asís” antes de Asís

SEGUNDA PARTE

Juan Pablo II y el orden sobrenatural

CAPÍTULO III

El panteón de Asís

“Asís” antes de Asís

El Congreso de Asís tiene su antecedente en dos tentativas de un Congreso de religiones. Uno, en Chicago, en 1893 y otro, en París, en 1900.

La iniciativa de Chicago se debió al cardenal Gibbons, cuyo fin era presentar las diversas religiones, para abrazar aquélla que se impusiera a la conciencia de cada uno. Como vemos, esto era volver otra vez al principio de la libertad de conciencia, ya condenado por los Papas.

Asís, octubre de 1986. Juan Pablo II con todos los representantes de las falsas religiones, en una reunión interreligiosa de oraciones. Fue en esta ocasión que el Papa no permitiría entrar en la Basílica de Asís, la estatua de Nuestra Señora de Fátima, para no “ofender” a los invitados, pero en su lugar se autorizó a poner una estatua de Buda sobre el altar, sobre el tabernáculo en el que estaba presente el Santísimo Sacramento
Asís, octubre de 1986. Juan Pablo II con todos los representantes de las falsas religiones, en una reunión interreligiosa de oraciones. Fue en esta ocasión que el Papa no permitiría entrar en la Basílica de Asís, la estatua de Nuestra Señora de Fátima, para no “ofender” a los invitados, pero en su lugar se autorizó a poner una estatua de Buda sobre el altar, sobre el tabernáculo en el que estaba presente el Santísimo Sacramento

En Chicago se encontraban representantes de todos los países para exponer sus creencias y también, había católicos.

Gibbons estaba sostenido por el Abbé Víctor Charbonel, sacerdote de la nueva generación, por el Abbé Klein y por un grupo de católicos liberales. Trabajaban para organizar un Congreso Universal de las Religiones. Jamás hubiesen podido pensar sus antecesores, los Dupanloup, los Montalembert, etc…. que se iba a llegar tan lejos.

Mientras tanto, el Papa León XIII preparaba una condena del Congreso de Chicago y envió a Mons. Satolli, delegado apostólico en Estados Unidos, una carta muy clara sobre este tipo de asambleas religiosas. Asimismo, el proyecto de un Congreso en París para la Exposición Universal de 1900, recibió un golpe mortal. Se limitó a ser un Congreso laico de historia de las Religiones. Sólo asistieron tres sacerdotes, realmente, el cardenal y los que preparaban el parlamento de las religiones quedaron desautorizados.

Ya anteriormente, León XIII había dirigido al cardenal Gibbons la carta Testem benevolentiae en la que al referirse a los americanistas declaraba:

“Sostienen que es oportuno… callar ciertos puntos de doctrina, como si fuesen de menos importancia o atenuarlos hasta no darles el sentido que la Iglesia les ha dado siempre. No hacen falta largos discursos… para mostrar cuán condenable es la tendencia a esta idea… No hay sino una Iglesia. Una, tanto por la unidad de la doctrina como por la unidad de gobierno, esta es la Iglesia católica.”

Puntualizaciones idénticas han sido repetidas por los sucesores de León XIII, así Pío XI denuncia estos heterogéneos congresos es su encíclica Mortalium Animos.

“Queda pues claro, que la Sede Apostólica no puede a ningún precio tomar parte en esos congresos y que no está permitido bajo ningún modo a los católicos, adherirse a semejantes empresas o contribuir a ellas; si lo hiciesen, concederían autoridad a una falsa religión cristiana, extraña del todo a la única Iglesia de Cristo… “

Capilla del Consejo Ecuménico de las lglesias. De izquierda a derecha vemos al metropolita Emilianos, a la representante de la Iglesia reformada suiza Sra. Bührig, al Papa, al pastor Potter, secretario general del Consejo, el obispo Held de la iglesia luterana alemana y a la Sra. Talbot, metodista de los Estados Unidos
Capilla del Consejo Ecuménico de las lglesias. De izquierda a derecha vemos al metropolita Emilianos, a la representante de la Iglesia reformada suiza Sra. Bührig, al Papa, al pastor Potter, secretario general del Consejo, el obispo Held de la iglesia luterana alemana y a la Sra. Talbot, metodista de los Estados Unidos

Los promotores de tales congresos se han manifestado siempre como católicos liberales, americanistas o modernistas. ¿Qué perseguían al organizar estos congresos? Seguramente, eran los “nuevos sacerdotes” de la “nueva Iglesia”.

Esta Iglesia que se apoya en una unión moral de religiones, se corresponde con la definición de la masonería:

“La Masonería es la moral universal que conviene al habitante de todos los climas, al hombre de todos los cultos… su moral… está más extendida y es más universal que la de las religiones nativas, siempre exclusivas… Hay una religión universal… que encierra todas las religiones particulares del globo; esta es la que nosotros profesamos.” (J. Ploncard d’Assac: L’Eglise occupée Págs. 196-197).

Sin duda, la mayoría de los sacerdotes no eran masones, pero como se inspiraban en el “Evangelio” de los derechos humanos, ejecutaban los planes de la secta.

Juan Pablo II y los miembros de la Trilateral. 18 de abril de 1983.
Juan Pablo II y los miembros de la Trilateral. 18 de abril de 1983.

Para desgracia de la Iglesia, el “viejo Evangelio liberal” que ha sobrevivido a las condenas de León XIII, de San Pío X y de sus sucesores, ha terminado imponiéndose en el concilio. Entonces, los Papas lo han abrazado y enseñado, acaso sin saber que ejecutaban los designios masónicos.

Así es como en 1986, Juan Pablo II decide reunir en Asís un congreso de todas las religiones, a fin de orar por la paz. Ya se consideraban caducas las graves reflexiones manifestadas por León XIII en su encíclica Humanum Genus:

“Al abrir sus filas de adeptos que vienen a ellos de las más diversas religiones, ellos, (los masones) se vuelven más capaces para acreditar el gran error del tiempo presente, el cual consiste en relegar al rango de cosas indiferentes, la preocupación de la religión y, a poner en pie de igualdad todas las formas religiosas. Ahora bien, este principio es suficiente por sí solo para arruinar todas las religiones y en especial la católica pues, siendo la única verdadera, no puede tolerar, sin sufrir la peor de las injurias y de las injusticias, que las otras religiones sean iguales a ella.”

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