La actitud de Juan Pablo II

PRIMERA PARTE

El Papa de la transformación

CAPÍTULO V

Juan Pablo II y la Masonería

La actitud de Juan Pablo II

Juan Pablo II es elegido Papa el 16 de octubre de 1978. Desde 1963, Mons. Wojtyla deseaba que la Iglesia católica reconociese la trilogía “libertad religiosa, colegialidad y ecumenismo”. Esta trilogía y la divisa masónica “Libertad, igualdad, fraternidad”, proceden de un fondo común y se armonizan con los sistemas filosóficos en los que el hombre es rey sustraído de dogmas imperativos. El pensamiento del Papa está impregnado de esta filosofía y así podemos expli­carnos sus discursos ante organismos como la ONU o la UNESCO:


Decidíos a demostrar la más noble solidaridad con la humanidad, la que está fundada sobre la dignidad de la persona humana. Construid la paz comenzando por el fundamento: el respeto de todos los derechos del hombre, a los que están ligados a la dimensión material y económica, así como los espiritua­les e interiores de su existencia en este mundo. (Juan Pablo II en la UNESCO, Documentation Catholique del 15 de junio de 1980, pág. 609).

De la misma forma se expresa el Gran Comendador del Supremo Consejo de Francia, Ch. Riandey:


Estamos íntima y profundamente seguros de que un nuevo humanismo será engendrado sobre la base de esta tradición común a toda tendencia espiritual… que conducirá por fin a nuestro mundo a la unidad a la que está destinado.(Marsaudon, op. cit. pág. 17).

El 18 de abril de 1983, Juan Pablo II recibía en audiencia pública a los masones de la Trilateral y declaraba:


Todo, incluso el dinamismo de la producción y del provecho, está enrai­zado en la percepción de la dignidad humana… (Documentation Catholique (Nº 1852, pág. 516).

Juan Pablo II y los miembros de la Trilateral. 18 de abril de 1983.
Juan Pablo II y los miembros de la Trilateral. 18 de abril de 1983.

Pero no hay dignidad humana fuera de la verdad, porque la dignidad consiste en la adhesión de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad a la ver­dad y al bien. El Papa termina esta alocución evocando de nuevo el papel principal de la “persona humana”, ni una sola vez ha hablado de Jesucristo.

Algunos meses más tarde, el 22 de marzo de 1984, el Papa recibía a los representantes de la secta judeo-masónica de los B’naï B’rith y les decía:

… En efecto, queridos amigos, como lo he dicho a menudo desde el co­mienzo de mi servicio pastoral como sucesor de Pedro… el encuentro entre católicos y judíos no es el encuentro de dos antiguas religiones que prosiguen cada una su camino… Es un encuentro entre “hermanos”, un diálogo… y del mismo modo que las dos partes de la Biblia son distintas, pero están estrecha­ mente ligadas, del mismo modo sucede con el pueblo judío y la Iglesia católi­ca… (Documentation Catholique, nº 1874, pág. 509)

Termina su alocución sin hablar de Jesucristo:


… Ciertamente la gran tarea de promoción de la justicia y de la paz es el signo de la edad mesiánica en la tradición judía y en la tradición cristiana, que está enraizada en la gran herencia de los profetas. Este “vínculo espiritual” nos permite afrontar el gran desafío lanzado a los que creen que Dios ama a todos los hombres, a los que ha creado a su imagen (Génesis 1.27)… Veo al mismo tiempo en ello como una realidad y una promesa de diálo­go entre la Iglesia católica y el judaísmo… (Documentation Catholique, n°1874. pág. 510).

Juan Pablo II recibe a los B’naï B’rith en el Vaticano. 22 de marzo de 1984.
Juan Pablo II recibe a los B’naï B’rith en el Vaticano. 22 de marzo de 1984.

¿Qué queda de la religión católica? Vemos ya un esbozo de ese “denomi­nador común” de todas las religiones deseado por la masonería. La Iglesia retrocede y hace concesiones sin cesar. Para no herir la dignidad humana se separa de su doctrina y vela y esconde las verdades con las que debería iluminar las almas y el mundo.

Comparemos ahora el antiguo Código de derecho canónico, con el nuevo Código promulgado por Juan Pablo II en 1983.

El canon 2.335 del antiguo Código decía: “Los que prestan su nombre a una secta masónica o a otras asociaciones del mismo género… contraen ipso facto la excomunión, únicamente reservada a la Sede Apostólica.”

El canon 1.374 que reemplaza al anterior, dice: “Quien presta su nombre a una asociación que conspira contra la Iglesia, debe ser castigado con una pena justa: el promotor o el dirigente de tal asociación debe ser castigado con el interdicto.”

Como el cambio había sido un poco rápido, la Congregación para la Doc­trina de la Fe, recordó:


El juicio negativo de la Iglesia sobre las asociaciones masónicas perma­nece inalterable, porque sus principios han sido considerados siempre como inconciliables con la doctrina de la Iglesia, y su inscripción a estas asociaciones sigue prohibida. Los fieles que pertenecen a las asociaciones masónicas están en estado de pecado grave y no pueden acceder a la Sagrada Comunión. ”
(Documentation Catholique, Nº 1865, pág 29).

La Iglesia ya no excomulga a los masones, son considerados únicamente como pecadores públicos. Nada se dice sobre sus honras fúnebres, y de hecho, muchos son enterrados hoy públicamente en la Iglesia.

Como ejemplo, el periódico “La Croix”, de 23 de mayo de 1985, anuncia las exequias de M. Richard Dupuy, Gran Maestre de la Gran Logia de Francia. Y en un artículo, del 11 de febrero de 1987, titulado: “Las exequias religiosas de M. Baroin”, el mismo periódico anuncia con satisfacción que el entierro del antiguo Gran Maestre G.O. de Francia haya tenido lugar en la parroquia de San Francisco de Sales en París. La esquela del fallecimiento había aparecido en “Le Monde” del 7 de febrero.

Este último periódico nos informa, el 10 de febrero de 1987, de que un coloquio inédito tuvo lugar los días 7 y 9 de febrero en Toulouse, sobre la historia de las relaciones entre la Iglesia católica y la masonería:


Todas las logias habían sido invitadas… el Gran Maestre de la Gran Logia simbólica de España se había desplazado personalmente. Entre unos doscientos participantes se distinguía una veintena de eclesiásticos (el arzobispo de París había enviado a su Vicario General) y una ligera mayoría de masones, sobre todo universitarios.

Estos hechos manifiestan claramente que la posición de Roma ha cambiado y que Juan Pablo II se aparta una vez más de sus predecesores, salvo de Pablo VI. ¿De qué sirve condenar al aborto, la eutanasia, contracepción, si se recibe y anima a las asociaciones que hacen penetrar estas prácticas en el seno de la vida social, en la mayoría de los países del mundo? El diálogo, el respeto de una falsa dignidad humana han llevado una vez más a la claudicación de los principios.

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15. La orientación del Concilio 〈〈〈〈

〉〉〉〉 17. Conclusión de la Iª parte

ÍNDICE

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