Juan Pablo II y los teólogos contemporáneos

PRIMERA PARTE

El Papa de la transformación

CAPÍTULO IV

El pensamiento filosófico y teológico de Juan Pablo II

Juan Pablo II y los teólogos contemporáneos

Vamos a ver ahora cómo el Papa se adhiere profundamente al espíritu de la filosofía y alaba en actos públicos a la mayoría de los teólogos poco ortodo­xos citados anteriormente.

Desde 1963, reconoce el extraordinario papel que teólogos como de Lu­ bac, Congar, Küng y Rahner habían tenido en los trabajos preparatorios del Concilio.

Desde 1978, año en que es nombrado Papa, cuando ya estos errores son más manifiestos, encontramos estas frases suyas:

La referencia del patrimonio intelectual del pasadono debe trabar esta apertura... la palabra que he pronunciado al comienzo de mi ministerio, en la cátedra de San Pedro, pidiendo a todos que no tengan miedo de abrir de par en par las puertas a Cristo, debemos poder dirigirla a las grandes corrientes del pensamiento contemporáneo, valorizando sus logros y su tensión hacia la realidad entera.” (“La Croix”, 18 de diciembre de 1979, pág. 10).

Pío XII en Humani Generis escribía lo contrario:

La verdad y toda presentación filosófica no pueden cambiar de un día a otro… Parecen insinuar que cualquier filosoffa… pueda conciliarse con el dogma católicoesto es absolutamente falso”.

Sin embargo, Juan Pablo II testimonia pruebas de estima a Rahner, a de Lubac, al Padre Congar y rinde un homenaje a Maritain con ocasión de su centenario, alabando su filosofía y la victoria del hombre, base de todo el edificio social.

Y no contento con esto, felicita y anima, en sus cincuenta años de sacerdocio a don Helder Camara, pionero de la teología de la liberación:

Tu alma de Pastor contribuye a nuestra santificación…Nos, tenemos un amor especial por ti...has conseguido realizar numerosas misiones de inestima­ble valor.” (Documentation Catholique, 317, del 1 de noviembre de 1981, pág. 999).

El Papa emplea el “Nos” de majestad y al mismo tiempo tutea al obispo, ¿serán los heróes actuales los condenados de antes del Concilio?

Karol Wojtyla cuando era acólito en Wadowice (arriba segundo por la izquierda)
Karol Wojtyla cuando era acólito en Wadowice (arriba segundo por la izquierda)

Con ocasión de la elaboración del nuevo código de derecho canónico, Hans Urs von Balthasar reforzó con su firma el texto enviado por varios teólo­gos. El Papa le nombrará cardenal el 28 de junio de 1988.

Pero, ¿acaso el Papa no ha condenado los abusos de estos teólogos? Desgraciadamente no, aunque la ocasión se había presentado en el caso de Hans Küng que estaba en conflicto con Roma desde 1968. La solución fue simplemente una capitulación de la Santa Sede. Hans Küng dejó de formar parte de la facultad de teología de la Universidad de Tubinga, pero conservó sus funciones de profesor y de director del Instituto de Estudios Ecuménicos, Instituto que deja de formar parte de la facultad de teología y queda directamente bajo la autoridad del rectorado.

El mismo Küng ha comprendido que se trata de una capitulación:

“La solución ha sido favorable para mí, pues me da una libertad ma­yor… este compromiso… me permite continuar considerándome como católi­co.” (“Le Monde” 12 de abril de 1980).

Sin embargo, Küng se había desprendido de todos los dogmas católicos: demostrabilidad de la existencia de Dios, naturaleza ontológicamente divina de Cristo, infalibilidad del Papa… el Hijo de Dios no era para él más que un hombre perfeccionado, “humanizado”.

Roma, a pesar de ello, ha preferido capitular ante el error.

Y no es todo, pues una vez más el Papa muestra su adhesión a las filosofías modernas, en la carta a los obispos alemanes a propósito de Küng:

La Iglesia ha recibido de Cristouna “infalibilidad” específica… esta infalibi­lidad tiene un carácter de entrega y de servicio... Sólo una… fe madura puede ser un abogado eficaz de la verdadera libertad religiosa, de la libertad de concien­cia y de todos los derechos del hombre.” (“La Croix” 23 de mayo de 1980).

Un periodista de Le Mondese pregunta si se podría reemplazar el antiguo adagio: Roma habló, la causa terminócon este otro, Roma habló el diálogo continúa”

Nosotros podríamos preguntarnos: ¿qué margen queda entre la capitula­ción y la cooperación con el error?

Otros dos procesos semejantes tuvo que dirimir el Papa: el del Padre Schillebeeckx y el del Padre Leonardo Boff, el “teólogo de la liberación”. En los dos casos la solución fue una de esas “pequeñas obras maestras jurídicas para las que Roma se pinta sola”.

El proceso del teólogo holandés no tuvo lugar. La Congregación para la Doctrina de la Fe debía examinar sus escritos, Karl Rahner se lo reveló a la prensa, violando el secreto del Santo Oficio, y Roma retrocedió.

Y lo mismo pasó con L. Boff para el que: ...la Iglesia como institución estaba ausente del pensamiento del Jesús histórico y nació como una evolu­ción posterior a la Resurrección. Para él, la jerarquía es sólo un resultado“. De ahí la necesidad de un “cambio permanente de la Iglesia .” (“La Croix“, 22 de marzo de 1985).

Después de la “llamada al orden de Roma”, por así decirlo, el teólogo hacía estos comentarios:

“Insisto sobre la ausencia en el texto de toda crítica de la teología de la liberación y cualquier referencia al marxismo o al socialismo… Este documento no prevé ninguna medida contra mi persona y mi actividad.(“La Croix“, 22 de marzo de 1985).

Además, las miserables sanciones de Roma no duraron mucho tiempo. Verdaderamente, esta es la hora del error.

La actitud de Juan Pablo II nos consterna: alaba a los propagadores de herejías y se inclina ante ellos, no aprovecha la ocasión de condenar doctrinal­mente cuando la necesidad se presenta. Su admiración incondicional por el Vaticano II, su pasión de diálogo, le llevan al terreno del error. Parece incapaz de reconocer el carácter inmutable de la verdad. ¿Cómo es posible? La actitud del Papa obedece necesariamente a la formación filosófica recibida.

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10. Algunos datos filosóficos y teológicos de Juan Pablo II 〈〈〈〈

〉〉〉〉 12. La formación filosófica de Juan Pablo II y sus escritos

ÍNDICE

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