Algunos datos filosóficos y teológicos de Juan Pablo II

PRIMERA PARTE

El Papa de la transformación

CAPÍTULO IV

El pensamiento filosófico y teológico de Juan Pablo II

Algunos antecedentes filosóficos y teológicos

Según Aristóteles y Santo Tomás conocemos la naturaleza de las cosas y su existencia por nuestra inteligencia. También, por reflexión, conocemos nuestra propia psicología, somos conscientes de que pensamos y de que sabemos.

A partir del siglo XVII, sin embargo, Descartes se hace esta pregunta: “¿qué puedo conocer de cierto y de indudable?” o “¿existe el mundo exterior?”. Se plantea así el problema del conocimiento y se inicia la filosofía moderna que pone entre las cosas y la inteligencia una idea intermedia. Entonces, “¿se conforman mis ideas con las cosas, con el mundo exterior?” Este problema que no existía para Santo Tomás ni para la mayoría de los hombres, es el aspecto esencial de la filosofía moderna. Desde entonces, los filósofos se alejan del mundo exterior para encerrarse en interminables problemas de conoci­miento. Todos los filósofos modernos están fuertemente impregnados de estos errores, sobre todo Hegel (para quien la única realidad es el pensamiento) y Karl Marx (quien intenta cambiar el mundo por la lucha de clases).

Corrientes filosóficas contemporáneas

Para Kierkegaard (1813-1855), el conocimiento real es una experiencia moral y religiosa. La fe se opone a todo conocimiento. Es un compromiso al servicio de los demás, no se trata de ense1iar la fe, sino de vivirla. De aquí la importancia dada a las experiencias vividas (“Vivir su fe”) donde cada uno pue­de expresar su creencia de manera diferente. Ahí está el origen, según él, del pluralismo en la Iglesia y de las diferentes religiones.

Según Husserl (1859-1938), la conciencia se forma en las relaciones con los demás. Cada conciencia está en evolución constante. En el dominio espiri­tual, el universo religioso se forma en mi conciencia. Los Evangelios y la Sagra­da Escritura no son históricos sino solamente la expresión de la conciencia de la Iglesia. No hay que enseñar la fe, sino aprender a formársela uno mismo. Esto es lo que quieren decir expresiones como “Ir a la búsqueda de” o “Traba­jar por un mundo mejor”.

Respecto a Scheler (1874-1928), considera que la vida está iluminada por valores como la libertad, la verdad, la justicia… estos valores no son realida­des que hay que conocer por la inteligencia, sino ideales que hay que vivir por la acción y el compromiso al servicio de los demás. Todos estos valores se viven según las culturas y las épocas. La fe, consiste en vivirlos y la Tradición, no es sino la expresión de esta vivencia. Nuestra manera occidental y latina de vivir estos valores no debe imponerse a todos los hombres. Cada religión los vive en su capricho.

Se desprende de estas filosofías que la Fe ya no es la adhesión de nuestra mente a la verdad revelada por Dios, que los Evangelios no son libros históri­cos, sino un testimonio de la Iglesia. También la Tradición es relativa y cam­biante, Cristo no es más que un hombre ideal, ejemplar, la Iglesia es la comu­nión de los que viven ese ideal y los sacramentos son solo la expresión simbó­lica y manifestada por gestos de la fe.

La condenación de los Papas – Los remedios

Los Papas han condenado estas filosofías y han reclamado la vuelta a Santo Tomás de Aquino. León XIII en su encíclica Aeterni Patris insiste en que la Iglesia no puede vivir un ideal sin enseñarlo.

San Pío X en su encíclica Pascendi, del 8 de septiembre de 1907, denun­cia estos errores filosóficos como fuente del modernismo:

Para los modernistas… está claro que esta explicación (de la religión) no debe ser buscada fuera del hombre…la necesidad de lo divino suscita en el alma religiosa un sentimiento especial. Este sentimiento está caracterizado por considerar a Dios como objeto y como causa íntima y que une de alguna manera al hombre con Dios. Tal es para los modernistas la fe.

En la persona de Cristo ni la ciencia ni la historia encuentran otra cosa sino un hombre.

Para los modernistas, el hombre debe pensar su fe... Evolucionar y cambiar el dogma no solamente puede hacerlo, sino que debe hacerlo… amontonamiento infinito de sofismas donde toda relig1ón encuentra su sentencia de muerte“.

Pío XI en la encíclica Unigenitus Dei Filius, de 19 de marzo de 1924, recomienda no apartarse de la escolástica y Pío XII en su encíclica Humani Generis del 12 de agosto de 1950, recomienda lo mismo y condena que:

“cualquier filosofía… mediante algunas correcciones y complementos pueda concordar con el dogma católico. Esto es absolutamente falso, sobre todo cuando se trata de sistemas como el inmanentismo, el idealismo. o el materia­lismoo también el existencialismo

A pesar de estas condenaciones, las tendencias modernistas han sobrevi­vido en el clero católico.

Karol Wojtyla de niño junto a sus padres
Karol Wojtyla de niño junto a sus padres

Corrientes teológicas contemporáneas

El padre de Lubac, nacido en 1906, afirma, desde 1946, que el orden sobrenatural está implicado en el orden natural, con lo cual deforma la verda­dera noción de la gratuidad.

Esta concepción de lo sobrenatural es propuesta también por Rhaner desde los años 30, incluso sobrepasando el pensamiento del Padre de Lubac.

Otro filósofo ha influido mucho en las tendencias actuales desde los años, se trata de Jacques Maritain (1882-1973), quien en lugar de asimilar el orden natural al orden sobrenatural, distingue uno de otro y reconoce dos vocaciones distintas y autónomas: de un lado la vocación y la misión terrenal y del otro la vocación sobrenatural. De ahí su tesis sobre la “sociedad vitalmente cristiana”, “nueva cristianidad”, caracterizada por la emancipación recíproca de lo temporal y de lo espiritual y por el pluralismo religioso y cultural de la ciudad.

Este es el rechazo del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo. Se puede llamar a Maritain el Padre de la libertad religiosa del Vaticano II. Pablo VI se alimentó de estas tesis que son también el origen de la “teología de la liberación”.

Contra Maritain habían respondido los Papas por adelantado, pero estos teólogos no han escuchado su voz y algunos han llegado a proferir verdaderas herejías.

Así Rahner en su obra Teologfa dell’incarnazione, afirma que la esencia de Dios es la misma que la nuestra y que la unión hipostática es un aconteci­miento que ha tenido lugar “en y por la conciencia humanay es el resultado de la perfección de la vida interior del hombre.

Por esto se oye decir, que la Encarnación del Verbo se ha realizado poco a poco durante la vida de Cristo. Enseña también que el acto de fe es inútil:

“El que acepta completamente su serhombre… ha aceptado al Hijo del hom­bre, porque en El, Dios ha aceptado al hombre” (‘Teologia dell’incamazione”, pág.119).

También en su obra, Maria, Meditazioni, negará el privilegio de la Inmacu­lada Concepción, pues, según él, ningún hombre está marcado al nacer por mancha alguna. Después de la Virgen, es la Eucaristía la que es atacada en un documento inspirado por Rhaner y Schillebeeckx, donde niegan la efica­cia de las palabras de la consagración. Y en una interviú, Rhaner afirma que lo que la teología tradicional entiende por infierno dejará de ser considerado como realidad.

Hans Kúng, su discípulo, profesa la misma doctrina en su libro “Etre chrétien”. También en Hans Urs von Balthasar, el teólogo suizo del que se afirma que es el maestro del pensamiento del Papa, se encuentra esta teología reductora del infierno.

En el terreno de las divagaciones ecuménicas ocupa un lugar especial el Padre Congar. Su práctica del “falso ecumenismo” le valió destierros bajo Pío XII. Sin embargo, tiene luego ocasión de alegrarse:

He sido colmado. Las grandes causas que habla intentado servir se han conseguido en el Concilio: renovación de la eclesiologíareformismo, ecumenismo, laicado... (“Une pas­ sion l’unité”, pág. 90 y 91).

Incluso uno de estos testimonios:

La declaración sobre la libertad religio­sa era una cuestión previa psicológica y jurídicamente necesaria para el decre­to sobre el ecumenismo.” (‘Une passion l’unité,” pág. 90 y 91).

Tampoco podemos olvidar a Don Helder Camara. Este obispo (revolucio­nario) fue el primer signatario del documento, publicado el 31 de agosto de 1977, aprobado por diecisiete obispos del mundo entero, que reconoce un valor positivo al comunismo para llegar a la teología de la liberación y que el Evangelio es un principio conforme a la revolución marxista por haber sido siempre: …el más poderoso fermento de las mutaciones profundas de la hu­manidad desde hace veinte siglos.

Confusión lamentable que desvirtúa la transformación social operada por el cristianismo con los desórdenes revolucionarios.

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9. Juan Pablo II prosigue la orientación del Concilio 〈〈〈〈

〉〉〉〉 11. Juan Pablo II y los teólogos contemporáneos

ÍNDICE

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