Introducción

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San Pío X

El cardenal Pacelli (entonces Secretario de Estado de Pío XI) hace una confidencia al conde Enrico Pietro Galeazzi, que llegará a ser uno de sus más íntimos colaboradores, cuando éste le visita para organizar los detalles de su estancia en América:

“Suponga, querido amigo, que el comunismo no sea sino uno de los órganos de subversión más visibles contra la Iglesia y contra la tradición de la revelación divina, entonces asistiremos a la invasión de todo lo que es espiritual: la filosofía, la ciencia, el derecho, la enseñanza, las artes, la prensa, la literatura, el teatro y la religión. Estoy obsesionado por las confidencias de la Virgen a Lucía, la niña de Fátima. La obstinación de Nuestra Sra. ante el peligro que amenaza a la Iglesia es una advertencia divina contra el suicidio que supondría la alteración de la fe en su liturgia, su teología y su alma.”

El futuro Pío XII se detuvo un momento.

“Escucho a mi alrededor a los innovadores que quieren desmantelar la Capilla Sagrada, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, hacer que se arrepienta de su pasado histórico. Pues bien, querido amigo, tengo la convicción de que la Iglesia de Pedro debe asumir su pasado o de lo contrario cavará su tumba.”

Para acondicionar el seminario de las Misiones, Mons. Pacelli solicitó un crédito que la “alta administración” del Vaticano estuvo a punto de negarle.

— Son muchas las pretensiones para subdesarrollados… critica un car­denal de la Curia.

— Esos subdesarrollados salvarán a la Iglesia, Eminencia. Vendrá un día en el que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dudará como Pedro dudó. Será tentada a creer que el hombre se ha convertido en Dios, que su Hijo no es más que un símbolo, una filosofía como tantas otras. Y en las Iglesias, los cristianos buscarán en vano la lamparilla donde Dios les espera y, como la pecadora, gritarán ante la tumba vacía: ¿Dónde le han puesto?”

(Mons. Rache et P. Saint Germain; “Pie XII devant l’histoire” pág. 52-53).

“Escucho a mi alrededor a los innovadores que quieren desmantelar la Capilla Sagrada, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamen­tos, hacer que se arrepienta de su pasado histórico”. Estas palabras resuenan hoy con acentos proféticos surgiendo de la historia. El cardenal Pacelli, ¿podía creer que un día los innovadores se adueñarían de las llaves de San Pedro y ocuparían las más altas esferas de la Iglesia? ¿Imaginó que uno de los sucesores de Pedro realizaría un día sus terribles presentimientos? No lo sabemos. Sin embargo, desde hace casi veinticinco años asistimos a un profundo cambio de la Iglesia católica; hemos visto que los sacerdotes de Jesucristo rechazan sus ornamentos y hemos oído en demasía llorar a Roma su pasado, pidiendo perdón a los enemigos de la Cruz de Jesús. Entonces, la Iglesia de Pedro, ¿ha cavado ya su tumba? ¿Cree verdaderamente que el hombre se ha convertido en Dios, que su Hijo no es más que un símbolo, una filosofía como otras tantas? Las páginas que siguen intentarán responder a estas preguntas.

No insistiremos en aquello que generalmente examinamos: las diócesis, los obispos, sino que vamos a ver la crisis en la propia Roma, a través de los actos y los discursos del Papa. ¿Quiénes somos para emprender tal estudio? Esta pregunta se nos ha venido a la mente a cada momento de nuestro trabajo. Entonces, hemos recordado estas palabras de Henri Massis:

“A veces el tener razón resulta triste y especialmente cruel cuando se tiene razón contra los tuyos… Pero nada peor que confundir lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo, lo eficaz y lo estéril, no distinguir nada de esto y con el pretexto de unir a los hombres, no condenar ninguna de sus ideas.”

Procederemos mencionando sobre todo hechos y citas del Papa y con­frontándolos con la doctrina inmutable de la Iglesia y con los escritos de sus predecesores. Este método nos ha permitido ser lo más transparentes posible y evitar así la usurpación de un papel que no nos corresponde. Es una tarea difícil, porque las expresiones del Papa son contradictorias, por lo menos en apariencia. Hemos recordado las palabras de San Pío X sobre los modernis­tas:

“Tal página de su obra podría estar firmada por un católico; volved la página y creéis leer a un racionalista.”

Por esto vamos a exponer escritos y hechos generalmente contrarios a la Tradición de la Iglesia, a los que posturas más ortodoxas en otras ocasiones no bastan para rehabilitar.

Estas páginas han sido escritas porque en los tiempos de pruebas y de luchas las almas se adormecen y se desalientan fácilmente y la misma fe corre los mayores peligros.

Los “Tres niños” de Fátima nos recuerdan sin cesar la urgencia de la oración y de la penitencia, la necesidad de una fe viva y de una caridad ardiente. Esta fe es un bien tan precioso que ninguna autoridad, por muy elevada que sea, puede pedir el sacrificio de ella a sus subordinados.

Si los tiempos son duros y graves, si las tinieblas parecen durar demasiado tiempo, recordemos entonces las palabras del Cardenal Pie:

“Todos vosotros hermanos míos, si estáis condenados a ver el triunfo del mal, no lo aclaméis jamás, no digáis jamás al mal: tú eres el bien; a la decadencia: tú eres el progreso; a la noche: tú eres la luz; a la muerte: tú eres la vida… Oponed a ello la energía de vuestras obras y de vuestros esfuerzos.” (Chanoine E. Catta: “La doctrine politique et sociale du cardinal Pie, pág. 371).

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Pío XII

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